Ilustración de Aad Goudappel/
He tardado en regresar por aquí porque
llevo unos días bastante atareada con la presentación de un nuevo proyecto y mi
cabeza estaba centrada en eso y nada más que en eso.
Como sabéis siempre hay que
establecer prioridades y las obligaciones de todo buen emprendedor empiezan con
darlo todo en cada convocatoria de proyectos, solo así es posible conseguir
buenos resultados. Y bueno, claro, durante el diseño, redacción y presentación,
es conveniente no olvidarse de la familia, amigos y todo eso que se llama
"vida normal".
Una convocatoria de proyectos,
sobre todo si es europea, o internacional, puede llegar a ser desquiciante, y
más cuando los socios del proyecto están en distintos lugares del mundo, e incluso
en franjas horarias diferentes.
Los problemas de comunicación y del
cumplimiento de las obligaciones de cada uno suelen ser una fuente ilimitada de
conflictos, siempre hay alguien que se escaquea del trabajo, esto es así, y hay
que contar con ello.
Eso me recuerda al inicio de Ana Karenina cuando se dice que "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada". En el diseño, presentación y gestión de proyectos ocurre exactamente igual: si el resultado es un éxito, suele ser por las mismas razones que hicieron exitoso otro proyecto, ahora bien, si la cosa sale mal, las causas suelen ser de lo más variado. Aunque todas tienen un origen común: los socios y sus escaqueos.
Eso me recuerda al inicio de Ana Karenina cuando se dice que "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada". En el diseño, presentación y gestión de proyectos ocurre exactamente igual: si el resultado es un éxito, suele ser por las mismas razones que hicieron exitoso otro proyecto, ahora bien, si la cosa sale mal, las causas suelen ser de lo más variado. Aunque todas tienen un origen común: los socios y sus escaqueos.
A los iniciantes de empresas, es
decir, a nosotros, los emprendedores, personas felices e ilusionadas, nos
cuesta imaginar que pueda existir gente desmotivada, o si existe, pensamos que
con nuestra energía y entusiasmo por ese proyecto en concreto, conseguiremos arrastrar al lado ilusionante a
aquel que, tal vez, muy remotamente, fuese un posible socio desmotivado. Sí, soy, o era, una ingenua, porque esto casi nunca pasa.
Muchas veces, cuando una empresa
de consultoría especializada comienza a andar, lo habitual, en mi caso y
también en el de algunos de mis colegas, es proponer proyectos derivados de una
necesidad detectada gracias a nuestro increíble talento como sabuesos de mercado.
Es de justicia reconocer, por mi y también por otros colegas emprendedores, que a veces las respuestas a estas necesidades solo pueden venir de la mano de personas ilusionadas, entusiasmadas y con ganas de mejorar algo, y no solo la cuenta de resultados. Por eso el origen de las innovaciones casi siempre es una calle de sentido único, y esto debería ser tenido mucho más en cuenta a la hora de promover marcos más favorecedores desde las políticas públicas. Pero este es otro tema.
Es de justicia reconocer, por mi y también por otros colegas emprendedores, que a veces las respuestas a estas necesidades solo pueden venir de la mano de personas ilusionadas, entusiasmadas y con ganas de mejorar algo, y no solo la cuenta de resultados. Por eso el origen de las innovaciones casi siempre es una calle de sentido único, y esto debería ser tenido mucho más en cuenta a la hora de promover marcos más favorecedores desde las políticas públicas. Pero este es otro tema.
Volviendo a lo nuestro, como
decía, solemos ser nosotros, los emprendedores, los de la idea, y sabemos que
necesitamos colaboradores y socios para que esa idea se convierta en proyecto. Pero somos novatos que vivimos en España (no importa que sobradamente
preparados), y aquí todo el mundo sabe que no estamos en condiciones de exigir. Así que, lo asumimos con dignidad, achantamos por el bien común, planteamos los
proyectos y aceptamos el cobro de nuestros honorarios a posteriori, si
finalmente el proyecto es concedido. ¡ERROR!
Sí, este es el primer error del
emprendedor novato, porque desencadena una serie de desgracias encadenadas
derivadas de que muy probablemente alguno de los socios se meta en el proyecto
con la idea del " por si acaso", no trabaje, y al final acabe dando más
problemas que si nunca llegase a estar desde el principio.
Así que, recomiendo prevenir, y NUNCA, no cobrar por la redacción de un proyecto o por una propuesta
más extensa de lo habitual, primero porque puede dar lugar a la aparición del típico socio-cliente free rider o gorrón, y segundo porque al final siempre sois vosotros, es
decir, nosotros, los que salimos perdiendo si algo sale mal.
Gracias por leerme, espero que te
sirva,
Señora Knowledge©2016. SerEmprendedoraConTalanteNoEsFácil
